Bajo un rosal te enterré,
las rosas son negras,
negras como mi corazón,
los riego con mi sangre
y cada noche lloro tu
maldita ausencia.
Corto mis venas con
las espinas de las rosas,
pero tú haces que me
cicatricen y donde
quiera que estés me
hablas y apaciguas
mi atormenta alma.
Vivo solo en la montaña
donde antes gozaba
de tu cálida compañía
y el calor de tu cuerpo
me calmaba y apagabas
la llama e iluminabas
mis deseos y los convertías
en realidad, ahora
esa realidad ya no existe.
La llama quema mi
interior y el demonio
me atormenta cada
noche y reclama mi
presencia, pero no quiero,
no quiero sucumbir bajo
piedras afiladas.
Podría quitarme la vida,
pero tú no quieres,
sé que sufres por mí,
sé que sientes dolor
y no puedo verte
escribo y canto frente
al rosal, toco nuestra
canción y se me parte
el corazón.
Espero poder verte una
vez más, abrazarte
y besar tus labios,
fundirme el mil lágrimas
y caer sobre tu tumba.