He caído al vacío otra vez
y no se que hacer,
si rendirme o vencer,
si ganar y crecer
o perder y caer,
estoy en blanco
y no se que hacer.
Cuando vuelven a mi
aquellos pensamientos
suicidas y violentos,
trágicos y muertos
pierdo mis sentimientos
y pienso si de verdad los siento,
porque si no los siento
es porque no los tengo
y si nos los tengo... ahh
Que amargo y triste lamento.
Pero quien diablos me mandó
hacer ese pacto
conmigo y el nombrado,
si, el inefable, el diablo.
Me dijeron que me engañaría
pero pensé ser más listo que él
y pensando esto a mi mismo me mentía
y mientras, en ese vacío
oscuro y mustio escucho su risa.
Entre soyozos y risas se escucha
algo más, algo más bello y con dicha
y entre el tosco hedor del azufre otro olor, uno como a jazmines frescos
traidos por calidas brisas.
De repente aparece una luz en el vacío,
algo inaudito de ver en este sitio
que siglo tras siglo ha permanecido
en el más espectral de los delirios
alumbrado por nimios cirios
envueltos en vidrios pintados de lirios.
Una voz envuelve mi cuerpo y mi alma
y dejo de escuchar la amarga risa,
me dice que me vaya, que salga
de esta celda, que no soy una presa
y que no estoy preso de la prosa
ni del demonio ni de ninguna otra cosa,
que me vaya a mi casa,
que viaje a la costa,
que me ponga el casco
y que deje mi impronta,
que persiga mis sueños
que tengo muchos y eso le consta,
que no tenga miedo ni vergüenza,
que coja papel y lápiz y suba la apuesta
porque satisface más lo que más cuesta
y que sepa que no importa si fracaso
porque intentarlo es lo que cuenta.