Miguel Peñafiel

LA LÁMPARA Y EL VIENTO

Parábola

Un anciano tenía una lámpara de aceite que iluminaba su hogar cada noche. Un día, su nieto le preguntó:

—Abuelo, ¿por qué cuidas tanto esa lámpara si es vieja y su luz es débil?

El anciano sonrió y respondió:

—Porque su luz me ha acompañado en las noches más oscuras. No me abandonó cuando la tormenta rugía ni cuando el viento intentó apagarla.

Esa misma noche, un fuerte viento sopló y entró por las ventanas. Las velas nuevas que algunos vecinos habían encendido se apagaron de inmediato, pero la lámpara del anciano, aunque temblorosa, permaneció encendida.

A la mañana siguiente, el nieto miró la lámpara con admiración y dijo:

—Ahora entiendo, abuelo. Lo que realmente vale no es la luz más brillante, sino la que nunca se apaga, incluso cuando el viento sopla fuerte.

El anciano asintió y le dijo:

—Así es el amor verdadero, hijo. No es el que brilla más fuerte en los buenos tiempos, sino el que sigue ardiendo cuando todo parece oscuro.

Reserva derechos de autor.

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