Parábola
En un lejano reino, un viajero llegó a un pueblo donde la gente se quejaba de su mala suerte. Decían que la tierra era árida, que el río traía poca agua y que sus cosechas siempre fracasaban.
El viajero, vestido con ropas gastadas pero con una mirada sabia, se detuvo en la plaza y colocó una gran piedra en medio del camino. Luego, se sentó a un lado y observó.
Uno a uno, los aldeanos pasaban y veían la piedra. Algunos murmuraban con enojo, otros la maldecían, pero nadie intentaba moverla.
Al cabo de unas horas, un joven campesino llegó con una carga de leña y vio la piedra. Sin quejarse, dejó su carga, empujó con fuerza y, tras mucho esfuerzo, logró apartarla del camino. Para su sorpresa, debajo de la piedra encontró una bolsa llena de monedas de oro y una nota que decía:
“La riqueza y el éxito no son cuestión de suerte, sino de esfuerzo. Quien mueve los obstáculos en su camino, encuentra su recompensa.”
El viajero se levantó, sonrió y se marchó, dejando al pueblo con una gran lección: la verdadera prosperidad no llega a quienes solo se lamentan, sino a quienes actúan.
Moraleja: Quien ve los obstáculos como problemas, se detiene. Pero quien los ve como desafíos, avanza.
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