Llegaste para mover mis aguas
para espantar mis pájaros
para que volviera a mirar el cielo
para que despertará al corazón adormecido.
Llegaste para calentar el fogón de los recuerdos
Llegaste para subirte al cogote y bajar la tristeza.
La tromba de tus movimientos sacudió
los cimientos del cementerio de mis pasiones.
Menudita como una hoja que lleva el viento
te mueves sigilosa entre el tumulto de la gente.
Pareces una virgen esculpida en piedra negra
tus ojos relucen buscando el camino eterno.
Me gusta mirarte desnuda sin arboles ni hojas
me gusta el sabor de la miel de tu sexo.
El movimiento de tus manos aleteando el sinfín
escogiendo los colores con que vestir al viento.
En el amanecer apareces en la aurora
con una bocanada de arcoíris desafiando
el equilibrio de los ensueños nocturnales
tocando una melodía que rasga el velo del día.
Tu olor a tierra limpia de los sobacos a los pies
extasían los caramelos de tus labios con ambrosía.
Y mueves mi mágico Pi en un revoltijo infinitesimal
elevando mis sentimientos a su máxima potencia.
Como un gorrión herido te cogí entre mis manos
Tiritabas del frio con que otros te habían abrazado
Quisiste que mi calor humedeciera tu gélido cuerpo
para después volar en el vacuo firmamento.
Recuerdo la suplica de tus ojos
Y el desierto de tu rostro
Eran tus labios los que pedían salivares
Para no morir errantes golpeados por las espadas del sol.
El arco de tu pelvis ceñida
por los jacintos maduros del deseo;
morían tus olivares sin dar aceites
y el ordeñador se resignaba a su frustración.
Llegaste para quedarte
no por una noche, ni por un día.
Llegaste para pintarme los ojos
de ilusiones y lirismo por una vida.