No hubo adiós, ni ruptura declarada,
tan solo el eco mudo de un silencio,
dejé de ir y tú, de dar inicio;
la ausencia fue la forma disimulada.
Reí con tus mensajes del pasado,
mayúsculas, emojis, carcajadas,
el mundo nos debía madrugadas,
y el alma se sentía en buen estado.
Pasé por tu edificio en otra esquina,
ya no olía a historias ni a merienda,
tan solo a lo que fue y no se destina.
Te vi en la red, tu risa, la contienda
de nuevas amistades tan vecinas
al sueño que creímos que no enmienda.
———
Soneto: No preguntaste
Tampoco supe bien cómo perderte,
no hubo razón, ni enojo, ni reproche.
Solo dejé de hablar... y en cada noche
te imaginé pensando en no entenderme.
Guardé tus memes, sí, por no borrarte,
y a veces los abrí como un derroche
de risa en diferido, sin derroche,
sintiendo que también supe fallarte.
Te vi mirar mi story, tan callada,
y supe que el café también se enfría
cuando el cariño huye sin pisada.
Perdón por evaporarme día a día,
fui humo que salió por la ventana
cuando aún podías preguntar si iría.
——
Soneto: “Lo Que Quedó”
No hicimos paz, ni guerra, ni regreso,
tan solo nos dejamos en el aire,
y el tiempo, como sabe hacer su baile,
limó lo que dolía con exceso.
A veces, sin querer, me reconozco
en algo que tú harías sin pensarlo,
y río, porque aún puede encontrarlo
mi voz, si dice “amiga”, en otro bosque.
No fuimos eternas, pero fuimos
refugio en muchas noches sin abrigo,
bandera en los naufragios que vivimos.
Y aunque ya no compartas lo que digo,
quisiera que supieras que seguimos
en esa otra versión donde aún te sigo.