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Carilda Oliver Labra

La rosa que cortamos

Yo venía con una paz solemne,
con una fiebre de pascua recobrada;
fija al dolor no obstante,
y ya estabas allí:
pálido papel para mis besos,
como una luz humedeciendo el aire,
lejano ruiseñor copioso,
piedra y carne.
 
La noche izó su túnel.
 
Todo fue breve:
el vaso,
la soledad del sur donde comimos.
 
No era,
No podía ser
porque la rosa que cortamos vuela.
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